+54 9 3624 473108 [email protected]
Como edificar nuestra vida

Como edificar nuestra vida

Cuando las tormentas lleguen a su vida no las menosprecie. Antes, por el contrario, pídale a Dios que le ayude a conocer el PROPOSITO de ellas. Hay cosas que usted solo aprenderá en medio de las tempestades.

Las dos formas de edificar:

Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que, al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Más el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa

De acuerdo con la Biblia, existen dos formas de edificar:

-Con prudencia y sabiduría: ocurre cuando escuchamos y obedecemos lo que la palabra dice, pero además al aplicamos a nuestra vida.

-Con insensatez y desobediencia: sucede cuando actuamos con necedad de manera irrazonable, o con ganas de oír, pero no de obedecer.

Para edificar con prudencia y sabiduría tenemos que remover ciertas cosas de nuestras vidas, tales como:

-Tradiciones: muchas de ellas van en contra de la palabra de Dios.

-Discriminación: debido a la raza o la posición.

-Incredulidad: ésta es un espíritu, y tenemos que aprender a echarlo fuera.

-Rebelión: todo descendiente de Adán tiene un rebelde dentro, y la solución es crucificar esa naturaleza pecaminosa que se rebela contra Dios.

Tener conocimiento y fe en la palabra de Dios nos ayuda a eliminar tradiciones, discriminación, incredulidad y rebelión. Todo esto nos impide crecer y mantenernos firmes, cimentados en la roca que es Jesucristo.

Debemos creer que las escrituras contienen lo que Dios ha hablado a su pueblo. Sin embargo, pese a lo que la gente diga, la Palabra se cumplirá totalmente “la escritura no puede ser quebrantada” afirma Juan 10:35.

Cristo es el verbo de Dios Cristo es el verbo de Dios desde la eternidad y hasta la eternidad. Al nacer como hombre se hizo carne y vivió entre nosotros. En Juan 1:1 dice que “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el verbo era Dios”.

En el versículo 14 añade, “y aquel verbo fue hecho carne y habito ente nosotros”. Jesús era, es y será el verbo- la palabra- de Dios. Usted no puede decir que cree en Cristo per no cree en la Biblia, porque Cristo es el Verbo hecho carne. Por eso, para edificar sobre el fundamento que es Cristo Jesús con prudencia y sabiduría se necesita OBEDECER la palabra de Dios.

Cuando obedecemos la palabra:

1.Cristo se manifiesta en nosotros a través de su palabra (Tito 1:3).

2.El Padre y el hijo se quieren revelar a nosotros (Lucas 10:22)

3.Podemos distinguir los verdaderos discípulos de aquellos que no o son o aun están en el mundo (Juan 8:31)

4.Sabemos por su palabra que Dios nos ama (Juan 13:1)

5.Nos llena de amor el uno por el otro (Juan 13:35)

Nuestras responsabilidades como discípulos: Cuando guardamos la palabra y llegamos a ser discípulos de Cristo, fundamentados en la roca, tenemos ciertas responsabilidades que cumplir: -Somos responsables por edificarnos a nosotros mismos.

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” 1º Pedro 2:4-5. Una manera de edificarnos o crecer espiritualmente es orando en el Espíritu “Pero vosotros amados edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo…” (Judas 1:20).

-Somos responsables de edificar nuestras vidas. “En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2:21-22). “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo…” (1º Pedro 2:4-5)

Al aplicar la enseñanza de hoy en nuestras vidas, verdaderamente estaremos fundamentados en la roca que es Jesucristo. Solo así llegaremos a ser los DISCÍPULOS que él describe en su palabra, cuando afirma, “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21). La motivación correcta para obedecer la palabra siempre debe ser el amor a Dios.

También te puede interesar
Las bases para ser un buen cristiano

Las bases para ser un buen cristiano

Cuando los cristianos decimos que estamos fundamentados en la roca que es Jesucristo, en realidad estamos expresando que Cristo es la base fundamental sobre la que está siendo construida o edificada nuestra vida nueva.

Fundamentar “es” echar las bases, fundamentos o cimientos de algo”. En la industria de la construcción, cuando se quiere levantar un edificio grande, que sea capaz de resistir los embates de la naturaleza, se buscar el mejor material para el fundamento, y este es la roca sólida, porque otros materiales, como la arena o la tierra, no pueden resistir terremotos, vientos ni tempestades.

En Mateo 7 Jesús les muestra a sus discípulos varios principios del Reino, que son fundamentales para construir una nueva vida de bendición.

Para vencer todo viento y tormenta de adversidad que se pueda levantar en nuestras vidas, necesitamos tener una base segura. Jesús concluye su enseñanza explicando que para edificar hay 2 tipos de cimientos o fundamentos que pueden ser utilizados; uno mejor que el otro. El fuerte y resistente es empleado por las personas prudentes o sensatas. El otro, es usado por los insensatos. Jesús resume su enseñanza así.

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”. Mateo 7:24-27.

Note que las dos casas pasaron exactamente por las mismas pruebas. Las dos fueron golpeadas fuertemente por lluvias, ríos y vientos, aunque su final fue diferente. En nuestro caminar cristiano podemos tener aflicciones, vendrán tormentas, sin embargo, el Señor nos llama a PERMANECER confiados en El, porque estamos cimentados dos sobre la roca (Petra) que es Jesucristo, y El ha vencido al mundo (Juan 16:33).

Igual que no podemos levantar paredes ni poner techo donde antes no hayamos puesto una buena base, tampoco podemos EDIFICAR más allá del fundamento espiritual que tengamos. Por eso es importan-te que estudiemos y establezcamos los fundamentos de nuestra roca que es Jesucristo (1ºCorintios 3:11), que aprendamos como edificar sobre El, cómo mantenernos firmes, como oír y obedecer la palabra de Dios, como vivir una vida de arrepentimiento. Así estaremos bien cimentados como creyentes, sobre un fundamento firme, y cuando venga la tormenta, no caeremos, sino que nos sostendremos.

“NUESTRA FE ESTÁ FUNDAMENTADA EN JESÚS”

Hay un solo fundamento y éste es Jesucristo. Dice el apóstol Pablo que nosotros somos labranza de Dios, edificio de Dios. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1º corintios 3:10-11).

En 1º corintios 3:9 el apóstol Pablo usa dos metáforas: la alabanza y un edificio. Una se refiere al trabajo agrícola y otra a la construcción. Asegura que el único fundamento para la vida cristiana es Cristo Jesús. Cualquier cosa que no se edifique sobre ese fundamento no resistirá la PRUEBA del tiempo, tormentas y tribulaciones.

Conviene entonces preguntarnos, ¿estamos nosotros edificados en Cristo Jesús? ¿Tenemos una relación personal con Cristo? ¿Tenemos un conocimiento personal que nos permite relacionarnos con Él?

También te puede interesar
La comunicación

La comunicación

Hablar no es exactamente lo mismo que comunicarse. Hablar es transmitir información, algo que todos somos capaces de hacer sin demasiada dificultad. Comunicar es, además, mover una emoción.

Comunicar bien quiere decir saber plantear lo que uno quiere o necesita, pero también significa saber escuchar lo que quiere o necesita el otro. Capacidades como la comprensión, la afectividad y la negociación son fundamentales para llegar a acuerdos, en vez de las imposiciones. En una situación de diferencia de opiniones, lo primero que hay que hacer es despersonalizar e identificar objetivamente qué es lo que se quiere decir. Esto se traduce en saber exponer qué ocurre y qué se quiere, lejos de insultar o reprochar a la otra persona.

El siguiente paso, antes de hablar, es preparar cómo plantear la cuestión, no hace falta insultar ni gritar.

¿Para qué queremos hablar?

Dios creó todo cuando “hablo” la palabra en el momento indicado. Es importante que el objetivo de la comunicación sea resolver y no ofender. Es preciso saber proponer un objetivo, o varias alternativas de solución, a la situación que esté ocasionando el malestar. Si todavía no ha llegado el momento de hablar también hay que determinar cuándo hacerlo. Es mejor esperar a que baje el momento de ‘enojo’ para poder argumentar, hablar y escuchar.

¿Cuánto debemos decir?

Es mejor no empezar a sacar temas de la prehistoria de la relación. Hay que centrarse a un tema en concreto (‘la luz está siempre encendida’ o  ‘no pasamos tiempo juntos’, por ejemplo) y encontrar una solución. Perdernos en otros problemas, lejos de resolver lo que está ocurriendo ahora, provoca un mayor dolor y distanciamiento en la pareja. Hablar siempre desde el ‘yo’: lo que a ‘mi’ me parece, lo que ‘yo’ creo, lo que ‘yo’ quiero. Evitar hablar desde el ‘tú’, que suele provocar que la otra persona se ponga a la defensiva (‘tienes que apagar la luz’, ‘tienes que pasar más tiempo conmigo’, etc.) Controlar los pensamientos irracionales tipo ‘las parejas que se quieren no se enfadan’ o ‘ya no me quiere porque me ha dicho’. Las parejas que se quieren bien saben expresar lo que les molesta, lo hacen con respeto y cariño, saben proponer soluciones, y ceden ante las que pueden resultar igualmente satisfactorias para ambos.

Te lo dije ¿No te Diste cuenta?

El lenguaje corporal puede revelar tanta o más información que las palabras. La conducta no verbal funciona como las cookies en internet: sin darnos cuenta, nuestro cuerpo transmite constantemente información sensible sobre nuestras intenciones, sentimientos y personalidad. Incluso cuando estamos quietos o en silencio, los gestos, las posturas, las expresiones faciales y la apariencia hablan por nosotros, y pueden resultar muy elocuentes.

En conclusión la comunicación en la pareja es fundamental para que sobreviva de manera feliz y sana, y es algo sobre lo que debemos prestar atención.

Aprender a comunicarse mejor es lo que les permitirá resolver de otra manera los conflictos y disfrutar de una mejor relación

También te puede interesar
Noviazgo exitoso y agradable a Dios

Noviazgo exitoso y agradable a Dios

Si queremos ser exitosos debemos siempre estar unidos  y como dice la palabra estar de “acuerdo”.

El poder del acuerdo es súper fuerte y puede activar muchísimas bendiciones en  la relación de noviazgo y además nos prepara para una futura  matrimonio estable y confiable.

Estar de acuerdo significa que hacemos un trato, que establecemos un convenio en donde los 2 vamos a esforzarnos al máximo para cumplir con nuestras palabras.  Antes que todo entender que este trato lo debemos hacer delante del Señor y él es el testigo de lo que hoy estemos dispuestos a prometer.

¿En qué debemos ponernos de acuerdo?

  • En orar juntos Es fundamental que desde novios oremos juntos y dejemos que Dios este en medio nuestro, y depositar en el todos los sueños metas, proyecto que queramos llevar adelante, sin oración nunca vamos a fortalecer nuestra relación de noviazgo porque el Señor no estará con nosotros. (Mt. 28: 20)
  • No dejar de Servir al Señor y siempre congregarnos Muchas veces en algunos noviazgos sucede que uno deja de congregar y el otro en vez de seguir adelante se deja arrastrar por la malas decisiones del otro, esto NO debe ser a si uno quiere retroceder el otro debe aferrarse más a Dios y tomar decisiones fuertes.
  • No faltarnos el respeto Que exista siempre el buen trato entre la pareja prohíbo aceptar y tolerar insultos, menosprecios, violencia física y verbal.
  • En esperar los tiempos de Dios No apresurarnos a conocernos físicamente (tener relaciones sexuales), esperar a concretar el matrimonio (Ecle. 3:1)
  • Pedir ayuda y confesar si hay debilidades que no podemos superar Muchas veces las parejas cometen el error en encerrarse en sí mismos para poder salir adelante en algunas situaciones difíciles o de tentaciones y pecados, pero solos no pueden entonces se vuelve un círculo vicioso donde quedan atrapados sin poder salir de esa condición, no tener vergüenza y pedir ayuda es lo más sabio pueden hacer como pareja.
  • No apañar el pecado del otro Si algunos de los dos practica un pecado (ej: robar, tener un vicio, lujuria etc…) en ese caso NUNCA esconder el problema pensando que “YA VA A CAMBIAR”, hay que ser fuerte y confesar lo que está sucediendo (Prov. 18: 13)

Pongámonos de acuerdo en NO alejarnos del Señor y hacer su voluntad siempre, esto nos asegura el éxito en nuestro noviazgo

También te puede interesar
El perdón en el noviazgo

El perdón en el noviazgo

Perdonar es renunciar al derecho de castigar al culpable. Es olvidar el sufrimiento y tratar al otro mejor de lo que se merece, sin pedirle nada a cambio. Es un regalo de amor que se elige dar al ofensor.

Cristo comparó el perdón como la cancelación de una deuda (Lucas 7:36-50), cada persona que nos ofende queda endeudada con nosotros o cuando ofendemos nosotros quedamos endeudados con ellos.

Las discusiones entre pareja son como dramas que se repiten, agregando un nuevo capítulo cada vez.  En la pareja, donde la convivencia de la vida diaria produce roces, malentendidos, desacuerdos, frustraciones y enojos, es necesario ejercitarse en conceder y pedir perdón.

¿Por qué perdonar?

El perdón es una orden de Dios. Así como fuimos perdonados por Él, a través del sacrificio de Su Hijo Jesucristo, también debemos hacerlo nosotros. Perdonar no es una debilidad, no es falta de dignidad; es un acto de misericordia, donde los mayores beneficiados somos nosotros, porque al perdonar evitamos que crezca en nuestro corazón amargura, ira, rencor, resentimiento y venganza, sentimientos que traen sufrimiento, dolor y quitan el gozo de vivir.

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”   Efesios 4:31-32

¿Por qué tengo que dar el primer paso si soy el ofendido?

No hay que esperar a que el ofensor se acerque a pedirnos perdón, porque mientras más tiempo pase, más meditaremos en la ofensa, más crecerá, más dolor causará.

Más bien, lo más pronto posible y aunque no tengamos el deseo de hacerlo, tomemos la decisión de perdonar, no porque el otro lo merezca, sino porque queremos sanar el corazón, sacar el dolor y vivir en libertad. Es posible que el dolor no desaparezca inmediatamente, pero si cada vez que el suceso viene a nuestra mente recordamos que ya perdonamos, con el tiempo la herida sanará y dejará de afectar nuestra relación.

“Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? -No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces le contestó Jesús” Mateo18:21-22

Aceptar que en otras ocasiones hemos ofendido y maltratado a otros nos facilitará tomar la decisión de perdonar.

“Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”Juan 8:7

¿Por qué pedir perdón?

Es muy fácil herir a las personas que más amamos. Ofendemos cuando nuestras palabras o acciones van en contra del bienestar del otro.

Aunque hay ofensas evidentes, existen otras que pueden pasar desapercibidas, como cuando dejamos de cumplir una promesa, cuando llevados por el enojo decimos cosas que no sentimos, o simplemente cuando ignoramos las necesidades de la pareja.

Es por eso que si nos damos cuenta que hemos lastimado, intencionalmente o no, los sentimientos del otro, debemos acercarnos arrepentidos, con una actitud humilde, confesar nuestra falta y pedir perdón. Este será el primer paso para sanar el dolor que causamos y abrir la puerta a la restauración.

Además, al pedir perdón obedecemos a Dios, nos ejercitamos en humildad, valentía y misericordia.

Reconocer nuestra equivocación puede ayudar en un futuro a pensar antes de actuar para no cometer el mismo error.

“Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda Mateo 5:23-24

Perdonarnos a nosotros mismos

Si pedimos perdón a Dios y al cónyuge por nuestra equivocación o pecado, debemos sentirnos perdonados porque:

“tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido” Salmo 51:17                                    

Propóngase pedir perdón y perdonar a su futuro cónyuge antes que acabe el día, así obedecerá a Dios, no acumulará amargura en su corazón, modelará la compasión en vez de la venganza y su vida  pareja recibirá los beneficios de la reconciliación, como son la paz, la armonía y la alegría.

Síntomas que indican falta de perdón

  • Susceptibilidad (cuando todo lo ofende)
  • La dificultad mantener sentimientos agradables hacia esa persona
  • Cuando tiene oportunidad, critica o habla mal de la persona o la situación
  • Obliga a la otra persona a pedir perdón nuevamente varias veces
  • Deseos de venganza

Podemos saber que no hemos perdonado cuando practicamos algunos de esos pecados: amargura, enojo, ira, gritería, malicia, maledicencia (Efesios 4:31) cometiendo sin revelación el pecado más grande, contristar al Espíritu Santo.

Obstáculos del perdón

  • La negación de la ofensa (cuando el ofensor niega la ofensa)
  • Patrones de conducta aprendidos o no aprendidos
  • Miedo a enfrenar el dolor
  • Miedo a la reincidencia
  • Miedo a la volverse vulnerable
  • La necesidad de tener la razón

Beneficios de una vida de perdón

  • Liberad emocional
  • Capacidad para disfrutar ante cualquier dificultad
  • Desarrollo de buenas relaciones interpersonales
  • Una relación más fluida  profunda con Dios
También te puede interesar
Sanidad Interior

Sanidad Interior

“Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” Proverbios 4:23 NTV.

¿Qué es la sanidad interior?

Es el proceso por el cual una persona sana las heridas del pasado causada por otras personas o sucesos. La sanidad implica  una transformación y renovación del alma, es decir mente, voluntad y emociones. Estar sanos nos permite vivir en la plenitud y disfrutar de las bendiciones que Dios nos da cada día. Cabe mencionar que la sanidad no es un estado permanente ya que el hombre está en constante movimiento e interacción con otros, es decir, que en distintos momentos de nuestras vidas puedo pasar por procesos de sanidad.

Ahora, lo que sí podemos hacer para que no me lastimen continuamente es educar mis emociones y hacer uso de las herramientas que nos da la Palabra de Dios para ser restaurados cada vez que lo necesitamos. Jesús se identificó con nosotros y él fue herido, menospreciado por los suyos y por eso en Él y a través  de Él tenemos la posibilidad de ser sanados.

¿Por qué es importante la Sanidad Interior en la etapa del noviazgo?

En esta etapa de nuestras vidas nosotros estamos proyectando nuestro futuro, pero ¿cómo hacerlo si todavía sigo herido por pasado? El noviazgo es la etapa en donde debo evaluar mi sanidad primeramente pero también la sanidad de la persona con la que estoy eligiendo compartir mi vida, con la que posiblemente haga un pacto de matrimonio.

Es imprescindible ser restaurados desde ahora, ya que, en esta etapa donde nos estamos conociendo es el momento para puedo identificar aquello que el día de mañana podría ser perjudicial. En la etapa de noviazgo ya se pueden ver cuando una relación es o se vuelve enfermiza, obsesiva, violenta (verbal, psicológicas o física), controladora.

Es  importante tener presente que no es la pareja la que cumple con el rol de sanar al otro, ni la que debe ser la que tome el papel de consolar o lavar mis heridas, es Dios el que lo hace cuando se lo permitimos. Esto no quiere decir que mi pareja no vaya a ser de bendición pero debemos tener cuidado. Es terreno del Espíritu Santo y es a él quien debo dejarle obrar.

¿Cómo me doy cuenta si necesito sanidad?

  • Debo hacerme una autoevaluación y siempre ponerme bajo la guía del Espíritu Santo.
  • Síntomas que dan cuenta de que necesito sanidad interior:
  • Estar siempre a la defensiva
  • Ansiedades que no puedo manejar
  • Temores, como por ejemplo, al rechazo, al abandono, al futuro, al fracaso Inseguridades
  • Angustia constante
  • Susceptibilidad
  • Persona ofendidiza
  • Complejos de inferioridad
  • Celos obsesivos
  • Estados de irritabilidad
  • Reacciones iracundas
  • Sentimientos de soledad
  • Despropósito
  • Depresiones
  • Sentimientos de culpa, rencor u odio

¿Qué hago para ser sanado?

  • Reconocer que necesito sanidad.
  • Identificar la raíz de la herida: Generalmente las heridas son causadas en la infancia y adolescencia.
  • Necesito pedir guía a Dios para poder identificar donde se origina.
  • Buscar ministración especifica de mi líder o mentor.
  • No dejar de buscar la sanidad hasta que la el síntoma desaparezca: Si mis reacciones siguen siendo iguales que tengo que seguir trabajando en mi sanidad y libertad.
  • Tendemos a creer que la sanidad es mágica o instantánea, creemos que con presentarle al Señor una vez eso ya está, pero debemos tener presentes que la sanidad es un proceso.
  • Esto significa que lleva tiempo, idas y venidas, pasos para adelante y para atrás, requiere tiempo y paciencia.
  • Por supuesto que Dios tiene el poder de liberarme irrumpiendo en un momento de oración pero a veces debemos volver al mismo lugar una y otra vez en búsqueda de la sanidad hasta ver los frutos.

¡Cuando aceptamos la obra redentora de

Cristo comienza nuestra sanidad!

 

También te puede interesar